Tiempo... es algo de que hace un par de meses, me sobraba. Pero ahora me falta. Me acuerdo de que cuando vivía en Melipilla lo único que quería era salir, malgastar mi tiempo en cualquier estupidez, ir a las casas de mis amigas, cualquier cosa, pero ahora no tengo tiempo para nada... por lo menos en la semana.
Me despierto temprano por la mañana, muy temprano. Camino a oscuras todavía por las calles de Santiago para llegar al metro que me dirige al terminal de buses. Tomo uno con destino a Melipilla y espero sentada, escuchando música, leyendo, estudiando, cualquier cosa para mantenerme ocupada... o simplemente durmiendo, durante una hora. Llego a mi destino y sigue mi travesía por llegar a mi encantador colegio. Generalmente me bajo en el Lider para tomar la micro porque la mayoría de las veces me encuentro con mi amiga Mónica o si no alguien conocido que pase en auto, me lleva. En el colegio paso la mayor parte del día, jornada completa y cerca de las 5 de la tarde tomo otra micro con dirección al centro, casi siempre me acompaña un compañero que se llama Carlitos que también espera buses pero para Bollenar o algo así. De vuelta en Santiago hago el mismo recorrido de la mañana pero al revés, aunque a esa hora es mucho más entretenido porque me encuentro con muchas más cosas. Una de las desventajas es en el metro, la cantidad de gente es igual o peor que estar en un concierto de rock, el calor es enorme, el estrés aumenta cada vez más, al pasar la segunda estación, uno ya quiere salir luego de aquel lugar infernal. Al llegar a mi estación de metro ya es oscuro asi que me apresuro lo más posible para llegar a mi casa, y en el momento en que toco suelo propio me tiro en la cama, esperar a mi mamá para comer y luego dormir. Y al otro día, se repite la misma historia durante cinco días concecutivos.
Es claro no me sobra el tiempo, pero pretendo sobrevivir.
domingo, 16 de mayo de 2010
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